Día 1. Planeábamos salir del DF a las 5:00am. Salimos a las 7. Nos encontramos con las obras de segundo piso en Iztapalapa y nos tardamos mucho en salir de la ciudad. La carretera, contrario a lo que imaginaba, no estuvo tan aburrida, hubo muchos paisajes hermosos, pasando por el Popocatépetl y el Iztacihuatl, el Pico de Orizaba y la Sierra Madre. Hicimos entre 6 y 7 horas.
Después recorrimos parte de la ciudad y vimos una presentación de La Guelaguetza, muuuy bueno, es un show que reúne las danzas de varias regiones de Oaxaca, el chiste es promover la unión de los pueblos. Iban unos italianos y otros gringos que se quedaron boquiabiertos con el colorido de los vestidos y los pasos de baile, me dió gusto, me sentí orgullosa de que nuestras raíces sorprendieran a extranjeros.
Día 2. Fuimos a desayunar tlayudas a un pueblo llamado Etla, nos dijeron que estaban muy buenas y no se qué, lo malo que no nos supieron guiar y dimos una vueltota… y al final llegamos a Etla pero ni dimos con el lugar que nos dijeron y terminamos almorzando unas dizque tlayudas regachas en el mercado. Después regresamos al hotel, cabe recalcar que la principal razón de este viaje no era conocer sino descansar, así que no nos avocamos mucho a la onda de conocer, más bien como se nos fuera antojando. Mis jefes fueron a dar la vuelta a una cantina, y esta vez sí hacía mucho calor, y a mí el calor me mata, por eso la carnala y yo fuimos a refugiarnos al hotel. Después salimos a caminar a ver qué encontrábamos, fuimos a comer, más caminar y de regreso nos agarró una lluvia torrencial que me cayó bastante bien después del calorón, tanto que llegando al hotel me metí a la alberca… qué chido es durante la lluvia.
Día 3. Como de costumbre, se nos hizo tarde en la mañana, nada más nos bañamos y agarramos carretera para Huatulco. Lo que más pesado se me hizo fue el tramo de Sierra que tuvimos que pasar… no apto para personas propensas al mareo ni claustrofóbicas, es una curva cerrada tras otra y de repente sientes que las montañas se te vienen encima. Pero bueno, todo esto fue recompensado por un delicioso almuerzo en un lugar que ya nos habían recomendado. Se llama “El Tío Chico” y almorzamos las más deliciosas tortas de queso y chocolate de agua que jamás haya probado. Sí, se oye raro, a mí también se me hizo extraño, pero saben deliciosas…
En la carretera también nos agarró retén para ver si no traíamos armas, poco después vi de lejos mar por primera vez en mucho tiempo al pasar por Salina Cruz. Llegamos a Huatulco como a las 5pm. Ya no pudimos ir a la playa ese día. Buscamos unas hamburguesas que mi jefe tenía antojo, caminamos por el centro del pueblo, compramos ropa y nos refugiamos en el hotel. Hacía un tremendo calor.
Día 4. Por fin partimos a El Arrocito, una playa que no es muy visitada y está muy chida. Ahí hicimos el “día de playa”, o sea llegar temprano, nadar, comer, descansar, admirar, relajarse e irse casi al anochecer. Mi jefe hizo un hallazgo de un bar muy chido casi frente al hotel, pero no fui ese día.
Día 5. Hicimos el recorrido de ley a conocer las bahías. El mar estaba bravo, a lo mejor sabía que iba yo. Nos bajamos a hacer snorkel, que en lo personal es una de las experiencias más chidas que uno puede tener en la vida. Para uno que no sabe bucear, el snorkel es la opción. Es como una ventana a un mundo diferente, hermoso… cuando te asomas solo oyes un ligero siseo y tu respiración. Es la neta.
Llegamos a una bahía llamada “El Maguey”, snorkeleamos un rato más y comimos una parrillada exquisita (se ve que sufrí mucho, no?). Ya en la tarde regresamos al puerto y regresamos a darnos un baño y descansar. Me fui a dar una vuelta al baresín, había una tienda dentro donde vendían cualquier cantidad de cosas muy chidas, desde playeras únicas, cuadros y collares hasta pipas y artefactos para una buena fumada. Después de curiosear un rato, me eché unas chelas en la barra e hice plática con el barman. Hasta me puso varias rolas. Salí como a la 1 y el hotel ya estaba cerrado… tuve que tocar muy fuerte para que abrieran…jaja qué pena…
Nos llovió en la carretera y cuando llegamos a Puerto todavía estaba chispeando, la alberca estaba solita y nos moríamos de calor así que la carnala y yo fuimos a disfrutar de una albercota solo para nosotras.
Ya en la noche fuimos a comer-cenar y nos sirvieron un platote típico, hasta tamales tenía, muy chido todo.
Día 7. Fuimos al “Playa club” del hotel, donde había albercas, bar, restaurante y entrada a la playa. Las olas estaban de poca. Después de nadar un rato, llegamos a la hora feliz del bar y me sirvieron 4 absolut tangerine… pero con el calor ni se me subió (buu).
Luego fuimos a comer al mismo restaurante donde comimos hace 10 años, caminamos por un como boulevard de puras chucherías quesque de recuerdo, que por fin encontré la cabeza de jaguar que tanto buscaba y también me compré un poster de una pintura de Frida, ví un cuadro del Che que me encantó, pero estaba cariñoso, aparte dónde me lo iba a traer.
Día 8. Desayunamos y zarpamos, tarde cómo siempre. Mi jefe por los cambios de temperatura de enfermó de la gripa (lo peor es que me contagió y estoy que me muero). Pasamos a Acapulco a comer, a Barra Vieja, según nos íbamos a quedar en un depa que le prestaron a mi jefe pero con su gripa, prefirió arrancarse de una vez hasta el DF, así que aguantamos 12 horas de carretera, bueno 11 porque paramos a comer… total de que llegamos agotadísimos, al otro día nos llevaron al Boomer (porque se quedó con su entrenador), creció un buen y hasta adelgazó, claro, si supongo que allá no le daban las chucherías que le damos acá, desde galletas María hasta mangos… es que con la méndiga carita de ternura que tiene no se le puede negar nada… jajaja pinche perro.
Disculpen si me tardé pero ps con la enfermedá’ ni ganas dan de nada, y esta vez, neta que estoy que me muero, van 2 noches que no duermo…

